jueves, 25 de febrero de 2016

Del otro lado de la calle

Un hombre juega a perderse entre las casas de un barrio que fue mío. Ese hombre ha dejado de tocar su piano a las 12:17 a.m.
Lo vi desde la ventana. Calzaba unos zapatos color suela, vestía unos pantalones azules con tiradores negros. Llovía.


No quiero verme morir entre las flores arrancadas por unas manos que soñaron tocar tu rostro. No quiero caminar por la llanura verde sin antes sentir la elegancia de la espuma tocar mi piel. No quiero llegar al punto exacto del olvido sin ganas de olvidar. Si toda la rosa se encuentra en la rosa y lo no dicho debajo de la almohada… ¿Dónde habita el sueño de un poeta que no lo es?

Vi desde la ventana a un niño jugar con el agua sucia de los charcos, mientras se comía un alfajor.
Vi desde la ventana un azul intenso que cubría como un manto el techo de cada una de las casas de mi cuadra. Vi las calles, los autos, las risas, los labios, los no y los pero.

Vi a una sombra mirarme desde el otro lado de la calle.  

miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL DESARMADERO

Son las tres menos cuarto y los recuerdos inventados me llaman para que viaje un rato al rincón preferido de mi mente.  Me seduce la idea de verme frente al mar inmenso y solemne que me abraza y me dice “esto también es la Soledad”. Ahí, el peso del pecho se afloja un poco y veo pasar frente a mis ojos un desfile de miedos e ilusiones deshechas que dejé salir sólo por un momento.
  Me cuento un cuento mentiroso que me endulza los oídos mientras junto los vidrios que caen sin parar, estallando contra el piso, multiplicándose hasta formar una especie de alfombra por la que camino descalza y con el alma colgando entre los brazos dormidos. Me pasa que en el viaje, me olvido de mí. No hay espejos que me recuerden los fracasos y los nunca será que llevo en el bolsillo más chico del blazer violeta. Ni las tardes lluviosas en las que me la paso acostada pensando en sus ojos grises, que se repiten como fotografías mal sacadas. Y voy leyendo poemas y relatos, en los que intento encontrar una parte de mí, una huella que alguien dejó y que re-significo con el afán de contestarme el por qué, el cómo y el cuándo.  Hay un yo deseando disfrazarse de otra cosa, de otro yo que desconoce el miedo, que juega con las circunstancias y la intensidad del momento. Sale con su sombrero negro a conquistar los bancos de plaza y esas calles donde alguna vez lo vio caminar, enamorándose a cada paso que él daba.  Hay una voz que escucho gritar desde adentro y que callo, haciendo un esfuerzo sobrehumano que desgasta mi ánimo y que ni siquiera sé porqué lo hago. Hay un vestido negro que usé cuando fui a su encuentro, unas zapatillas que calzo desde que tengo poder de decisión sobre la ropa que llevo puesta, unas piernas cansadas, un corazón cobarde y un yo ausente. Me encuentro entre los pensamientos y las frases que voy escribiendo mientras escucho las teclas partidas de un piano sonar. Recorro los pasillos de mi mente buscando un poco de realidad que pueda atrapar, para poder traerla a esta vida que voy viviendo con un lápiz en la mano y dentro de este cuarto que es lo más parecido a un desarmadero de sueños. Hay un block de notas con algunas frases que no quiero olvidar y una especie de acuerdo casero en el que me pido tregua a mí misma: hay una firma que no es sólo mía.  Me pregunté por la existencia de un mañana que no fuera la continuación de un hoy. Este hoy que no crece, que no vibra ni canta, que anda dando lástima por los rincones, como Gatito Stevens cada vez que rompe algún adorno de mamá. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Extraño a alguien a quien no conozco

Esperé sentada en el quinto escalón mientras el silencio me susurraba una canción al oído. Por un momento pensé que quizás, él también esperaba. Acostado en su cama, mirando el techo; buscando formas e inventando historias de dragones y criaturas fantásticas. En un bar con un vaso en la mano y la mirada tensa hacia la puerta, o simplemente perdido entre la multitud desolada. En el trabajo, mirando el reloj cada medio minuto, anhelando que la aguja pequeña señale el número cinco y la aguja larga, el número doce. En la parada de colectivo, en el banco, en la cola del supermercado, en una plaza cualquiera... ¿o quizás en una playa? No lo sabía, pero lo imaginaba
Un pensamiento me llevó a otro pensamiento y ese a otro y así sucesivamente, formando una serie de escenas que se reproducían de manera constante y obsesiva. Necesitaba conocer, saber qué hacía los domingos por la tarde, si jugaba al futbol con sus amigos o almorzaba con su familia...¿Y si llovía? ¿Se entristecía o se alegraba? ¿Escribía los poemas más tristes del corazón o miraba su película favorita mientras comía una barra de chocolate? (¿blanco o negro?).
Giré hacia atrás, creí escuchar que alguien venía. Miré a mi alrededor y vi una mancha en la pared que me llamó la atención, pero sólo bastaron cinco minutos para abandonar mi cuerpo y volver a imaginar. Me acordé de sus manos y me pregunté cómo sería su forma de acariciar. Quizás al besar le gustaba abrazar por la cintura o simplemente tocar el cuello. 
A veces intentamos generar una conexión con otra persona así sea por pensamientos y deseos inventados. Imaginamos que mira la ventana mientras piensa que tiene el corazón roto desde el 30 de abril, o que dibuja la cara de una mujer que casualmente tiene nuestros ojos, nuestros labios, nuestras pestañas... Hay una necesidad intensa, sembrada en el lado más oscuro de nuestro inconsciente que vamos regando con recuerdos, anhelos y esas cosas que la mayoría denomina <efímeras>. Y me pregunto si la sensibilidad con la que toca cada canción se corresponde a algunas de esas cosas, o a un alguien idealizado o des-idealizado. Quizás no piense en nada, aunque eso me parece imposible. Siempre pensamos en algo, y pensar en nada, en definitiva, es pensar en algo que ya no es o que ya no está... La ausencia hace estragos con nuestros sentimientos y nunca estamos seguros si lo mejor es fluir o empujar, armar o desarmar toda estructura interna con el único fin de ver qué es lo que hicimos con nosotros mismos, a dónde fuimos, con quién y para qué. Las ganas de volverlo a ver, así sea en una esquina agachado atándose los cordones, me arrebatan la voz a cambio de una esperanza barata que me hace suspirar constantemente; llenándome de imágenes que no sólo guardo en mi memoria, se quedan a vivir en mi pecho, en lo más hondo, en lo más íntimo
Y yo sé que no me conoce, no me espera, no me sueña, ni siquiera me nombra. Tampoco hay trenes, ni dibujos pegados afuera de su casa...sólo un vaso de café roto, alguna que otra conversación y un poema que le dedico aún sin leer.  
  

jueves, 23 de julio de 2015

rompecabezas

me abandoné
sentada en el lago

abrimos las puertas
dejando escapar los fantasmas
que bailan y
se mueven
en un eterno retorno
al ritmo del viento que nos
empuja hacia un norte que no es nuestro

ajena y exiliada
no me pertenece el cuerpo
ojos muertos
                       y  manos desalmadas

recreo un mundo en dónde encajo
y me siento en el lago
a recordarte y a
imaginarte imaginándome
recostado en tu cama
pensando en lo azul
                 pieza 717

hay una canción para mí
sentada en el lago,
es que puedo escucharla
y verte venir

viernes, 12 de junio de 2015

Ausencia de los viernes

        Miramos las vías con la intención de encontrar nuestros pasos cruzándose; y en un abrir y cerrar de labios, la miel se derritió viajando a través de nuestros dedos nocturnos. La vieja estación nos acogía mientras esperábamos la llegada del tren. Todavía recuerdo su camisa azul empapada, la valija empolvada y la flor que sostenía su mano derecha. Llevaba sus zapatillas favoritas y una media de cada color. A pesar de tener puesto mi vestido rojo de viernes, se me ocurrió invitarlo a jugar a la escondida, como para pasar el tiempo hasta que llegara el tren. Salté sobre su espalda y de caballito, se lo susurré al oído. Rápidamente me desligué de sus brazos, me tapé los ojos y comencé a contar. Uno, dos, tres...así hasta veinte. Mis manos se abrieron, dejándome mirar la estación casi con vergüenza -él ya no estaba allí-. Busqué por cada uno de los rincones y en el quinto banco de plaza encontré su valija marrón. Grité su nombre, cinco veces.
        El frío acaparaba cada parte de mi cuerpo. Tuve miedo. Tuve miedo de que me dejara ahí; que me dejara corriendo entre las columnas de mármol, con la sombra abrazándome. Entonces, empecé a cantar. Canté tan pero tan alto que me olvidé de su ausencia.
        Pegando un salto y al ritmo de esa voz que a veces creo mía, bailé. Giro sobre giro, salto y al piso. El raspón en la rodilla me recordó porqué odio el vestido rojo de los viernes. La carcajada que provenía del otro lado de las vías, me hizo girar y vi a esos ojos que me miraban iluminando la oscura estación. Las manos me llamaron, agitándose como un niño que saluda a su mamá el primer día de jardín. Me acerqué a las vías y le pregunté si me había visto bailar. Creí escucharlo decir: "sí, ¿lo harías de nuevo para mí?". Dí un paso hacia el costado, intentando ver el rostro de la voz.
          - No. Ya me caí y me raspé, no puedo seguir bailando.
          - Estás chinchuda hoy, eh. Si te he visto caerte y pararte unas miles de veces. Dale, ¿por qué hoy no tenés ganas de bailar para mí?
          - ¿Hoy? Yo nunca bailé para vos.Yo no bailo para nadie, bailo para mí.
          - Entonces, ¿cada vez que bailamos juntos, bailás sólo y nada más que para vos?
          - Yo nunca bailé con vos, ni siquiera sé quién sos. Cruzá, vení acá y dejame verte...
          - Vos y yo bailamos todos los viernes, Lía. Hoy es miércoles, hoy te toca bailar para mí.
          - No, estás equivocado. Hoy es viernes porque traigo puesto mi vestido rojo de los viernes, si fuera miércoles hubiese traído mi camisa azul a lunares blancos.
         - Hoy es miércoles, Lía. Es la tercera semana que te confundís los días y hace dos que ya no querés bailar para mí.
       Como una lluvia repentina, comenzó a surgir dentro de mi pecho una angustia incesante. Las manos comenzaron a temblar y el aire no llegaba a mis pulmones. Desesperada me arranqué el vestido y lloré sobre la columna de mármol que estaba detrás de mí. La voz del otro lado de las vías me balbuceaba cosas que no alcancé a escuchar - o quizás no quería escucharlas- y de un patadón tiré una extraña valija marrón que se hallaba sobre uno de los bancos de plaza. ¡Hoy es viernes! ¡Hoy tenías que venir a bailar conmigo, me prometiste que todos los días serían viernes! ¡Si no vas a venir acá,  junto a mí, andate!
      La voz calló y justo en ese momento, el tren pasó.
      Tuve miedo. Inevitablemente lo estaba olvidando, lo había olvidado.

sábado, 23 de mayo de 2015

Atada

Y estás atada
envuelta entre los tristes lazos rojos,
                                                           rotos
perpetua acabada atrincherada
con los ojos muertos, las manos negras 
y el alma colgando de los labios nacarados

Y estás atada
intentando cantar la canción muda
cortando las flores niñas
clavando espinas en tu pecho  
sacándolas luego

Y estás atada 
esclava del impulso que golpea 
tus piernas delgadas, quebradas, ahogadas
escribiendo sobre el papel de arroz 
su nombre

Estás dormida
soñando el insomnio de la noche oscura.
Estás besada 
                 por la boca que aún no te ha llamado
estás cansada abatida dolida,   VIVA
Sí, estás atada



viernes, 17 de abril de 2015

Hermanada

I
no dejes que la palabra te calle
no te dejes morir, heladas muñecas
ser canción en el aire mientras tu mundo 
y
mi mundo ríen sin parar

II
acercando tu pena y 
mi pena
brota eterna magia eterna
cómplices 
callando las palabras,
hablamos en silencio

III
la arena está empapada
festejo doloroso y 
tu mano siempre tendida
hacia mí

IV
que yo ya no soy sólo mía
tengo tu abrazo amarrado a mi espalda
hermana, que vos no sos sólo tuya
almas cantan la tarde feliz
cuando estás por venir


viernes, 3 de abril de 2015

1:17 A.M


Qué destruimos al besar la piel agrietada
qué rompemos cuando jugamos
a encontrarnos entre la multitud desolada
qué desarmamos cada vez que tocamos el agua dulce
con los pies desnudos

Cuál de todos nuestros mundos explota
cuando amamos con la mirada muda
Acaso nos morimos cada vez que
                                 vemos una flor marchitarse?
cuántos días revivimos hastiados de noche blanca,
                                                      (de luna llena)

qué marcas nos quedan después de gritar el silencio
cuántos pedazos de alma juntamos en cada adiós
qué lloramos cuando nos quema
con qué canción te dormís anhelando despertar

qué dolor tiene mi nombre, hoy
de qué color es el cielo
          cuando pedimos un deseo con los ojos cerrados?




jueves, 19 de marzo de 2015

Borrador (1)

Me mordí ayer y esa vez que el dolor casi asoma por el negro de mis ojos muertos. Lloran mis dedos tristes y doy la vuelta, mirando hacia atrás buscando un no-sé-qué. Las marcas están ahí, debajo de mi camisa, ocultas por el maquillaje, entre la carne y el pintalabios rosado, en mi espalda cansada y dura, rota.  
Se muestra entera, disfrazando con artificiosos gestos la profundidad de las heridas. Pinta de azul el rojo homicida pero la oscuridad la habita en una noche eterna. Y mira atrás, buscando un no-sabe-qué y da la vuelta, anhelando ese abrazo que no llegó. Se pregunta hasta cuándo, cuánto más; pero aguanta. Aguanta con el corazón hecho pedazos, aguanta con ese cuerpo dolido y la mirada muda. Se soporta así y no tan así. 

*Anotaciones del día veintipico, del mes tres* 

Vivo en guerra y doy batalla, y pongo el cuerpo, porque a fin de cuentas, es lo único que tengo. Necesito descansar. La exposición simulada es agobiante y mis piernas quieren dormir.
Pensé en vos, otra vez, y te hice canción. 
La idea de preguntarme el porqué me hace sentir inútil y poco original. Ante el silencio del cielo, la ausente sonrisa y el ruido de la calle, me miro en el espejo: 'claro, este cuerpo se la aguanta, siempre se la aguantó'. Y me levanto la camisa y me veo las marcas, y me saco el pantalón, y no quiero ver ya, pero las siento, ahí también hay marcas.
En mi mundo ideal, me acuerdo de tu nombre y espero el día de tu cumpleaños como espero la lluvia cada veintipico de octubre. Me olvido de los sueños que mantienen intacta mi estúpida inocencia manchada de rojo para acostarnos sobre la alfombra del cuarto azul. Camino por las calles desoladas y no me siento sola. Habito la plaza y duermo sobre ese árbol animal; y me veo y me desarmo y me vuelvo a rearmar. En mi mundo ideal, también estoy rota.


+ Nota de color: Me hablo bajito porque, a veces, no me aguanto la voz. 

viernes, 6 de marzo de 2015

susurro

MARZO 6, 201...
                                                       ...cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor
                                                         (ALTAVOCES 100%)
                                                                                      

- ¿seguimos gastando tinta por ese corazón remendado, oscuro, necio, caprichoso, culpable, culposo y humanamente ciego; incapaz de ver el amor que desborda de nuestros ojos mudos?

-                         No. (Silencio). Ya no. Emparchada por dónde mires. Duele, mucho.

Un poco más, sólo un poco más.
¿Lo aceptará?
- Acepto.


lunes, 19 de enero de 2015

Juguemos

me conocí ausente
entre los versos de un poema que inventé
creyendo que algún día
                                   lo escribirías para mí

temblé cada vez que el suspiro
               inmanejable y profundo
ocupaba mi pecho para morir en el sol apagado
              y revivir con la magia azul de los besos no dados aún

me envuelvo en el deseo
mientras la fiebre recorre cada pedazo que quedó de mí.
Los junté y quise rearmarme para que me vieras así
                                              para que me vieras (a mí)

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Sólo me sé el nombre y cada una de las canciones que calan en lo profundo de mis huesos.
No sé su historia, no sé su alegría ni el porqué de esa tristeza reflejada en los ojos dulces.
No sé sus sueños, no sé su dolor, no sé su llanto ni su emoción.
Sé la adrenalina que corre por mi cuerpo cuando está cerca, cuando alguien lo llama, así sea con el silencio.
Sé de corazones rotos y desilusiones hondas que sufro con la cabeza entre mis brazos y el parque rodeándome, abrazándome en soledad.
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invitame a pasar
invitame a ser la invitada de tu risa
                                         de tu boca y de tus brazos

Invitate a sentir(me)
             a querer(me)

devolvámonos el sentimiento que
   alguna vez, nos arrancaron las manos criminales

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Juguemos.
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viernes, 12 de diciembre de 2014

Te vi ángel

De blanco y negro pinté
                                       las hojas desgastadas.
Imaginando el retrato feliz,
me mudé al macrocosmos delirante.

Ensayabas la mirada enamorada
                      frente a mi rostro
                                         que se deshacía en cada
                                                                            abrir y cerrar de ojos

se te suicidó el sentimiento
     en la espera inagotable.

Colgando estaban los recuerdos
                 sobre la cola del piano soñador

el perfume brotó de tus manos flor
    y el mar de octubre en tus ojos, revivió

El golpe seco dolió en el silencio
               cuando llamaron a la puerta
y abrí
         
(el ángel azul en mis manos descansó)

domingo, 7 de diciembre de 2014

soy deseante, vos visitante

Me visitó tu risa
asomando por el costado de los sueños que viven
 entre las sábanas amarillas de los lunes
y el revés de la almohada azul

me visitaron tus labios, acariciando mis pestañas
        rozando mi nariz y curando mis alas rotas

Dejé que te llevaras el sentimiento que guardo muy dentro de mi pecho,
a cambio de unos brazos que
                 abrazaran la  tristeza inmensa
                                  que recorría mi cuerpo dolido,

me visitaron tus manos artistas
 que jugaron con mi pelo, endulzándome el corazón
componiendo una melodía rebalsada de placer
                       con el grito acallado y el alma colgando entre tus dedos niños

Me visitaron tus ojos tristes
                            ansiosos de encontrar en los míos
un lugarcito donde descansar
ahogándose en el mar revoltoso
y reviviendo con la luz que se esparcía
en ese encuentro de miradas desoladas

me visitó tu nombre
hoy,
      ayer
        y mañana
                 no lo sé




lunes, 17 de noviembre de 2014

en modo suspensivo

Vengo a despedirme
vengo desde el lado más oscuro del corazón
a pedirte un favor

con la mirada triste y las manos temblorosas
con la voz quebrada y un suspiro profundo
con las ganas que me sobraron 
                                                y la oportunidad que faltó
con estos ojos que ansiaron penetrar los tuyos
y esta boca que reclamó tu nombre      (día tras día)


Soñé ese piano todas las noches
soñé esa melodía que se creaba mientras nuestras manos
jugaban a encontrarse en un acto 
aparentemente casual
                         totalmente  mágico

escuchame,
                  mirame,
                                sentime

No le escapes al sentimiento del loco enamorado
no le tengas miedo a la descarga semieléctrica 
no te ocultes entre los pedazos que quedaron 
de ese antiguo desamor

Así, enteramente rota
vengo a despedirme con este poema
un gracias y hasta luego
pero por favor, 
                     no me dejes ir así




sábado, 1 de noviembre de 2014

Dejátelo así, dejámelo a mí

si imaginaras menos de la mitad
de las cosas que yo imagino cuando te veo

tu caminar no sería el mismo que llevás puesto el día
antes del día viernes

se te dibujaría una sonrisa contagiosa
y una lluvia de colores te mojaría la cara
como brillantina púrpura que
                                               se mezcla
                                                    entre los dedos de un nenito de jardín

hasta tu vida, otra sería
pero el brillo de tu mirada gris, dejátelo así
                                               
     dejámelo a mí

viernes, 31 de octubre de 2014

Promesa

Tengo una angustia que me recorre
la piel, los ojos, los dedos, el pelo, los labios
y la espalda destrozada a dentelladas

Me marchité imaginando tu voz acallada por el dolor
el viento eclipsó la risa festiva del pasado
mientras las olas me empapaban el alma desarmada
que intenté encontrar en cada rincón de nuestra cama

me rompieron con sus manos violentamente rojas
hicieron de mí,
                         un cuadro a medio terminar
me convertí en la causa primordial del olvido
                    en la excusa del adiós prometedor                                                                    
                                                       (y en ese disco que no escuchaste más)


Quiero que me recuerdes con la lágrima feliz
            con el café de medianoche
            con las sábanas rotas, negras y deshechas
con tus dedos musicales
            con la fobia del amor
con la certeza del distraído,
       la conciencia del inconsciente,
    y la cordura del loco enamorado y desahuciado
       
con la mirada azul del corazón
y esa sonrisa amarilla que alguna vez me regalaste





martes, 21 de octubre de 2014

reinvención por pedido

Me pidieron que escriba una historia en la que el amor se reinventara
me pidieron que no me lastimara, que la flor azul se convirtiera en blanca
me pidieron que amara sin miedo, que llorara con ganas de llorar
me pidieron que te haga reír, que guardara en mi memoria la magia de tu mirada gris
me pidieron que te regalara una canción
que las teclas se mezclaran con la dulce voz y los golpes estallaran en una melodía enajenada

no me pidieron que hable de vos como un poema que me sé de memoria,
(pero lo hice igual).
Me pidieron que me durmiera imaginando escenas absurdas y trilladas
me pidieron que el sentimiento sea ultraviolento, o no sea nada entonces
me pidieron que te diga todo lo que siento, cada vez que nuestros ojos se encuentran en un acto casual y desesperado
me pidieron que tome tu mano y camine por las calles haciéndolas nuestras
me dijeron muchas cosas,
me pidieron otras miles
me obligaron, me censuraron y me asesinaron

las voces me hacen de todo, menos suya.


domingo, 12 de octubre de 2014

recuerdo inventado

I
Me dijo que no quería estar ahí y lo llevé al mar. Toqué su mano y la arena se mezcló entre nuestros dedos como perfume de verano, como el sándalo que se esparce por mi habitación cada vez que leo un poema girondero de medianoche. No quise mirarlo pero lo miré. No quise imaginar que se moría por darme un beso, pero lo imaginé. El mar inmenso, revoltoso y solemne nos ofrecía una melodía gloriosa que me recordaba el primer día que lo vi. La sonrisa seductora combinaba con su sweater azul y sus ojos mágicos recorrían el lugar ansiando encontrar aquello que tantos años había buscado. Mientras miraba las olas blancas que jugaban con los caracoles de la orilla, quise preguntarle si se acordaba de la primera vez que nos conocimos. Siempre hay una primera vez, y conocer a alguien no es la excepción. Cerré los ojos y en ese instante recordé nuestras risas nerviosas, vergonzosas de nuestra primera conversación. De cara al sol, se filtró en mi memoria el primer poema que le escribí, pero no me animé a confesárselo. 

II
La camisa roja se mojó con el agua salada y sus dedos tocaron los míos. La maravilla de su risa iluminó las piedras del umbral mientras mi nariz, casi como por accidente, se acarició con la suya. No quise volver a imaginar y él me pidió que el momento se estirara hacia el infinito. Me pidió que le devuelva el sentimiento, que le susurrara canciones de cuna y que lo abrazara dos veces cada noche. 
Me pidió que no lo lastimara. Inmersa en los pensamientos que se ensamblaban con la emoción del cielo y los colores del paisaje pintado en cada uno de mis bastidores, lloré. De emoción, de angustia y de placer. No quiero más aquel dolor desgarrador del corazón, no quiero más mendigar un sentimiento podrido y lleno de nada. 

III
Acá estoy y acá estás, estemos sin más ni más, que hasta quizás, podamos llegar a durar; y quién te dice, también volar.

sábado, 4 de octubre de 2014

más de vos

La mirada introspectiva
me trasladó frente al paisaje soñado de aquellos
que hace tiempo no sueñan

los malos sentimientos delineaban
                                     el cielo infinito
y tus ojos me alumbraban desde
                                     el macrocosmos delirante

caminé la belleza de la nostalgia todos esos días
en que no te conocía
y reviví en cada melodía que tus dedos creaban
                      sobre las teclas del piano dormido

me agoté en cada espera,
en cada mirada
en cada silencio
y en cada
                poema anónimo que te dediqué

nuestra historia escribiéndose en la memoria colectiva
de aquellos que quieren seguir creyendo en el amor
y la tinta roja derramándose
       sobre mis manos
                          que mueren por tocar tu cara
mientras mis labios buscan la magia en otros labios
                                                           en otros brazos
y que no son tuyos porque
todo lo tuyo es de otra,
aunque sé
que vos sabés
que
no es quién
te hace temblar hasta las pestañas
que fueron tomadas para
pedir deseos que imploran
                            más amor, por favor.


viernes, 19 de septiembre de 2014

(primera vez)

Estallé con las alas abiertas
desplegadas, enteramente tendidas sobre las teclas 
 
teclas musicalmente dulces
melodía embravecida y subversiva
capricho sonoro rebalsado de deseo

me agrieté y mi piel fue corteza
 y vos,
         las hojas amarillas cayendo 
como las ilusiones deshechas 
                                       de octubre

me seduce una imagen rebelde avasallante
  mientras el telón vuelve a abrirse
y el juego comienza con la sonrisa mágica
    la ovación, los ojos y el encanto de una primera vez