sábado, 28 de junio de 2014

Con ojos cerrados

Pensando en el diván, en ese silencioso diván
                                          acaece mi esquizofrénica comprensión,
atravesada por pensamientos inventados que se ríen de la aburrida y desesperante rutina
caigo endeble y caprichosa sobre la alfombra que a veces es gris
                                                                           y otras, violácea es

     en esas lágrimas lagrimitas que se escapan casi sin querer
me encontré con tu nombre
recuerdo, recuerdo aquella vez que no te recordaba 
    recorté tu carita y en mi mente la pegué como una figurita irrebatible

me burlé de las cursilerías y un poema te inventé
              y guiada por la dulce melodía, te imaginé

Pensando en el diván, en ese silencioso diván
el anonimato me volvió a atrapar
casi sin remedio, pedí no sentirte más

pero pienso y re pienso los ojos tornasolados
los sabios dedos que susurran amor
los párpados que cubren las pupilas como la blanca noche
                                                    y te pintan sublimes expresiones que se hacen y se deshacen en el rostro 
como pinceladas de cielo
como las veladas risas que se ocultan en mi boca lacrada
Pensando en el diván, en ese silencioso diván
te inventé una vez más
                                        (sólo una vez más)
y me encontré con otro yo
                                        porque quizás             (sólo quizás) 
                                                                              seas tan adicto al anonimato como yo.

jueves, 26 de junio de 2014

Mumita

Con la sangre blanca pálida helada, vivo. Infusión intravenosa de dolor no pedí jamás, sin embargo nos sucede que llegamos y estamos donde jamás quisimos estar. El agua glaseada de tintes amarillos, azules y verdes se funden con la espesa espuma y la explosión con la diminuta arenilla que sale de los ojos trocados agonizantes que mueren y reviven en la luz violeta de los cielos cruzados y explotados.
La tinta seca sobre la piel húmeda y escamosa, quebrajada y resquebrajada
                                                           los golpes que invaden la armonía, la deleitosa armonía de los hados 
las manos grandes, más grandes que nunca, más aceitosas que nunca, más violentas que siempre
                                                                                                                        El dolor deliciosamente rojo.
 Ella llamó a la puerta sin saber quién estaría del otro lado, con la luna a medio llenar, la suerte la dejó atrás y con un ramo de margaritas apretujadas y arruinadas, él la esperó. -Se me estropearon un poquito, pero acá las tengo con todos los pétalos del quiere y no me quiere, llamándote con el silencio de mis labios y el grito de mis ojos, llegaste y yo llegué. 

                                 La carta de mi madre la tengo guardada en un cajón color coral. Manchada de recuerdos y emociones, dobladita así la dejé, la banqueta me esperaba frente al majestuoso monstruo de la embravecida melodía. 

Me sacó el alma nota a nota y de un mordiscón me arrancó el corazón, con sus dientes musicales tocados y retocados, de adelante hacia atrás, en simultáneo y del revés. Él ya no quiere mirar las escenas, las odiosas y apáticas escenas, es un rebelde, mi rebelde. La ceremonia silenciosa de la siniestra imaginación latente en el espejo, como un espectro, como algo que no es y quiere ser. El vestido blanco no manchado de pureza, me espera sobre la cama. Los zapatos lustrosos de sensualidad y provocación anhelan mis blancos y pequeños pies. El collar peligroso, el relicario oculto, la magia negra que se pinta de púrpura y me susurra cosas que jamás diré. Él, amando al solemne monstruo, al monstruo solemne,  
                                                                           me espera sobre el cortinado bordó y me invita a jugar. 

                               La carta de mi madre, la tengo guardadita en mi caja color coral y me pide salir, y yo la saco a pasear un ratito, sólo un ratito. No quiero abrirla, no me animo a leerla, pero ella es subversiva y nada le interesa, se le escapan las últimas palabras teñidas de tintura color sol, y me recuerda: 


                                                                         "Amá Mumi, amá y a Cielo Abierto"

martes, 24 de junio de 2014

tartamudeando, [-te]



Dicotomía nombrarte, dicotomía denominarte
sos todo aquello que nunca quise, que siempre quise
sos el azúcar amarela que endulza mis ojos tristes y quedados
sos ese callejón que se vuelve irreconocible y eterno
lo que imagino, lo que sueño, lo que invento
                                                    lo que siento y lo que dejé de sentir esa vez que decidiste no sentirme más

el rasguño anclado en la piel muda, blanca, roja y azul

me pierdo entre mí, conmigo y sin mí, cada vez que quiero llamarte
                                                                                         (cada vez que quiero alcanzarte.)
Luchando con las palabras, el lenguaje efímero e inútil
entonces decido penetrarme
                                              en la
                                                          melodía,

                                                                             en las teclas que son blancas pero también negras
intentando decirte todo aquello que no puedo decir

Sos, sí eso sos
                      el saludo atragantado entre las cuerdas que no pueden vibrar
cada vez que tus ojos en los míos se clavan
ese estulto cómo andás que no sale porque no puede salir.
Sos, sí eso sos
el recuerdo de amores que atormentan cada vez que tu nombre
se pone en correlación con el ahogo, el llanto y la melancolía melancólica

Sos el rojo en mis pinturas,
el blanco sucio en mis cielos, el verde en mis ojos
     la estrella deseosa de impregnar el manto negro que no se apiada de mi cobarde corazón
deseo, deseo que la palabra surja
                     que la revelación te transcurra, dejando la espera,

(la odiosa y adictiva espera)

Te vi, llamándome con otro nombre
te vi buscándome entre el resto, entre la desesperación y el humor deficiente de tus textos
te vi presuntuoso y altivo, con aires de grandeza inexistente
te vi tartamudeando un poema frente a una audiencia,
y yo me perdí, y no te entendí y sólo te ví
con tu piano mágico, con tu indiferencia ingrata, con tus ojos preocupados
tenso con vaso en mano, anhelando el milagro

Sos, todo eso sos
lo indecible, mi indecibilidad decible de mis míseros covers
los dibujos animados
los sueños no soñados
el dulce golpeteo que surge de mi preciado cajón peruano
lo no dicho jamás y todo aquello que quiero decir, -te
el montgomery gris, el sweater azul y la rosada bufanda.



lunes, 19 de mayo de 2014

Aquel que se comía la novela



"Comerse la novela, es sano"



"Me estoy muriendo" - pensé. Después de eso me recosté, agarré un libro de la mesita de luz, que no era un libro, era el libro, y lo abrí. La tapa me sonaba familiar, la contratapa algo extraña, pero no quise detenerme en eso. Inmediatamente tomé la primer página y la arranqué. La miré: tan frágil, tan amarilla, tan deliciosa que la hice un bollito y me la comí. Siempre me gustó probar cosas nuevas, mezcla de sabores y texturas, y para bajarla con gracia me tomé una birra. 
           Esa noche ocurrió algo que no olvidaré jamás. Recostado en la cama, pensando en la muerte, vino a visitarme alguien del que creo haber visto alguna vez. Era un muchacho rubión, delgado, no muy alto. Me miraba desde las penumbras, con sus grandes ojos luminosos. Asustado prendí el velador y ahí estaba, sentado junto a mi, noté que era manco. Alzó su mano que ya no era mano y me dijo: ¿Qué me has hecho? ¡Mirá, mirá, mirá, mirá! No pude evitar la risa, su cara como una caricatura y su mano no mano me producía una terrible verborragia. ¿Qué culpa tengo yo flaco? Dale, tomatelas por donde entraste que estaba intentando dormir. -Vos estabas pensando en la muerte, así que he venido a buscarte. Dale cambiate, ya es hora, nos vamos. No quise emitir una sola palabra, sabía que esto se trataba de una vendetta. -Mirá flaco, te pido disculpas por lo de tu mano que ahora ya no es mano, pero tenía hambre viste, charlame un ratito. Tenemos no más que una hora, después te llevo conmigo ¿de qué querés hablar? -Contame del asteroide b-612, ¿es ahí a dónde me vas a llevar? 
           Él mirándome con esos ojos luminosos, se acercó y me dijo al oído: 
-Vos te vas a ir al infierno, lo que hiciste no se hace. -Creo que tu viaje por los distintos planetas hizo que se te chiflara el moño pendejo. La Tierra tiene sus encantos, pero te quita de un manotazo la inocencia y te topa con gente como yo, gente que solo piensa en la muerte al lado de su mesita de luz.
            Enojadísimo conmigo, volteó mi mesita de luz, la hizo trizas. -¡Esto me provoca gente como vos panzón! ¡Ira, una profunda ira! -Diculpame pibe, pero yo tenía otra imagen tuya. Más dulce, más comprensible, más maricón, si me permitís el atrevimiento.  Creo que se te subió lo principesco a la cabeza, calmate. Acá las cosas no son como las cuenta tu mediocre historia, no hablas de gente como yo, la gente real, ¿cómo crees que me siento? Si al llegar la noche, estoy aquí solo, mirando mi mesita de luz con una birra en la mano, pensando en morirme. 
            El niño de cara caricaturizada escuchaba atentamente al borracho no tan borracho y le dijo: -Es por eso que he venido esta noche, quiero saber porqué me hiciste esto. Te he visto desde mi planeta todas las noches abrir mi libro, y leer y re leer. Te he visto llorar junto a él, te he visto reír, te he visto enojado y siendo el más feliz también...
            El borracho panzón se levantó de la cama, tomó el libro entre sus manos y le dijo: Tomá, todo tuyo pibe. Ese libro me ha vuelto loco, he llegado a creer en cada una de las boludeces que dice ahí, ¡tomá llevatelo! ¡A este libro de porquería te tenés que llevar al infierno! No he podido nunca domesticar a un zorro, no he podido conocer a mi rosa, no he podido tener mis estrellas, ¡no he podido nada! Y aún así sigo creyendo que es algo maravilloso, porque a través de sus páginas he podido evadirme de toda esta mierda con la ayuda de mi buena amiga, la birra. 
           El niño rubión estaba presenciando una escena realmente patética. Su cara llena de enojo fue cambiando y tomando un tono pálido. Y con sus ojos llenos de lágrimas le dijo: -Pero si tanto amas a ese libro, ¿por qué has hecho eso? Lo has violentado, has roto sus páginas, lo has maltratado.
           Aquel viejo borracho y panzón esbozó una sonrisa y mirándolo fijo susurró: -He cometido el acto de amor más grande para con tu historia pibe, ¡Me he comido el libro! ¡Me he comido El Principito! Ahora todas aquellas páginas con sus fabulosas enseñanzas están dentro de mí. Todo tu maravilloso mundo está en mi, bien adentro, y ahora sí, si quieres llevarme al Infierno hazlo, que tu libro vendrá conmigo.
           Desperté. Asustado, desesperado prendí la luz, miré hacia la mesita y estaba allí, esperando a ser abierto nuevamente. Tomé El Principito y volví a dormir con él entre mis brazos. 
           Y el niño rubión de ojos luminosos estaba entre las penumbras, sonriendo y reviviendo una vez más.

lunes, 12 de mayo de 2014

Abandonador serial

¡Papá, por favor papá dejalo! ¿No ves que es chiquito? Dejalo no quiere quedarse solito y con frío papá, dejalo que venga conmigo, porque aunque soy chiquita puedo ser su mamita. Él quiere que sea su mamita, ¿no le ves la carita? El espejo retrovisor reproducía la escena más terrible de todas las escenas. 
El abandonador serial estaba cumpliendo con un nuevo mandato, pero Tinita, Tinita se volvía cada vez más y más pequeñita, con diez años era así de chiquitita. El llanto era lo de menos, los gritos insoportables, los golpes brutales, la garganta desgarrada, los ojos destruidos. Así estaba Tinita, golpeando la ventana de ese auto despintado, color verde musgo horrible, <el auto del terror>, pensaba Tinita. 
La casa era color pastel. El cuarto estaba listo ya, para la llegada de esa beba que en realidad no había sido esperada por nadie, menos por el turco, pero el turco no vivía en aquella casa color pastel. El televisor encendido, la radio también. Esa casa era fría, no tenía el calor hogareño propio de las casas que esperan visitas. Llegó, durmió y lloró. Creció, jugó, y mamá mamita fue su luz, su lucecita. A la bici se subió gracias a Martita, la que le hacía la merienda cada vez que volvía de la escuela. "Mamita se re-que-te peleaba con un hombrecito ayer, Martita". "Bueno Tinita, tené en cuenta que mamita hace todo para que vos estés bien."
El turco un día volvió. Volvió a aquella casa color pastel, y le pidió a Clara que le dejara ver a esa beba que nunca quiso ver. Clara le mostró a una nenita que ya no era una bebita y le dijo: Tinita este es tu papá. Tinita se escondió atrás de su mamita y mirando entre sus piernas, con la carita rojita preguntó: mamita, ¿qué es un papito? Y Clarita le respondió: un papito es como una mamita pero es hombrecito, no mujercita como Tinita y mamita. Pero Tinita insistió: usted que dice ser un papito, mi papito: por qué no me dio amor como hacen las mamitas? mi mamita?
Un día, Tinita creció y entendió por fin qué era un papito. El turco se la llevaba a su casa e iban a la plaza, le compraba globos de muchos colores, y comían pochoclo hasta atorarse. Un día de calesita, Tinita conoció a Puchi. Puchi, Puchito era chiquitito color café con ojos negros como las ruedas del auto verde horrible. 
Puchi Puchito conoció la casa del turco, y se convirtió en el fiel compañero de Tinita, aunque ésta dijera que era su mamita, porque Tinita decía que sentía un amor por Puchito como el de las mamitas. 
El turco se cansó de las cagaditas de Puchito en su casita pequeñita y sin lugar para sus mujerzuelas de la noche de los viernes, subió a Tinita y a Puchito al auto, a ese auto verde horrible y condujo hasta el campo de los trece árboles. 
El espejo retrovisor reproducía la escena más terrorífica que jamás se haya visto. El turco se subió y arrancó, mientras Tinita, empapada en lágrimas, agitaba su manito despidiendo a su adorado Puchito. El ya no papito le dijo a Tinita: pensá en algo lindo Tini, así se secan más rápido las lagrimitas.
Tinita recordó esas caricias, esas manos de hombrecito que le recorrían su espalda y unas zonas que como le había dicho su mamita, sólo tenían las mujercitas. Recordó el verde, ese verde horrible y pensó <en el auto del terror del abandonador serial todo es verde, verde horrible>


domingo, 23 de marzo de 2014

Locura Divina



El arte, lo todo.

Eso que golpea el pecho, la realidad, los ojos, el alma

Muchas veces me preguntaron que quería ser,

y no dije feliz, no. No dije nada.

Años preguntándomelo a voz alta, gritando, diciéndolo bajito casi como un susurro a mis propios oídos, a mi corazón…

Cuando la respuesta estuvo ahí, siempre ahí. En mis anhelos, en mis sueños, en esos tontos poemas, precarios, inútiles de mi adolescencia.

En mi nouvelle policial, en mi almohada, en mi cuarto, en mí…



En ese escalofrío que me corre por el cuerpo cada vez que escucho I dreamed a dream

En la temperatura del sofá cada vez que leo Sherlock Holmes.

En las tablas, en las butacas que se me aparecen como visiones y la gente, la gente aplaudiendo, elogiando, abucheando

Y yo ahí en medio de la ovación formidable y el cierre del telón, esperando anciosa su nueva apertura.

La gran pantalla en acción, en el transcurso de las escenas; actuando, creando, llorando, amando…

En el escenario cantando, emocionando, -me. Las máscaras, el vestuario, los demás, la salida, la entrada ¡acción!

Lo visionario, lo ingenioso, lo animado, lo humano

La música, los sueños, el sol, la luna, la natura. ¡qué de maravillas!

No había nada más que cuestionarme, siempre supe lo que quería ser, en realidad ya lo era, lo estaba siendo, nunca dejé de serlo.



Soy un artista, sí lo soy. El arte me corre por las venas, por el pelo, por mis ojos, por todo el cuerpo. Soñarlo es serlo, vivirlo ni te cuento.

Porque el arte es vida, y mis sueños están llenos de eso y yo,

me apiado de aquél que cree que está muerto en vida, y lo libero. Le deseo los mejores sueños que pueda tener,




Y vida, ¡pura vida!


                                                                                                                                 El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles
                                                                                                                           es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo 
                                                                                                                          desconocido. Para los valientes es la oportunidad
                                                                                                                                                                                                  Víctor Hugo

miércoles, 12 de marzo de 2014

Una enajenada enamorada

De vez en cuándo suelo ladrar, y no sé si me gusta.

De cosas dolorosas puedo dar cátedra,

de cumpleaños felices no tengo ni idea.

Enamorada de un desconocido, siempre tan elocuente. La ficción me corre por la sangre, habita en el lado izquierdo del órgano que palpita como un loco cada vez que te ve, desconocido ¡Las cosas que juntos podríamos hacer! ¿Le dije ya, que tengo la imaginación de un niño jugando a jugar?

¿Cómo le explico, anhelado extraño, que estoy perdidamente enamorada desde el primer sueño en que lo soñé? Desperté y supe, lo supe. Supe el porqué de ese enojo que le tengo al lado derecho de mi cama, a los espejos, a las fotos, a los números…

No me gustan los interrogatorios, no me gusta nada de lo que tenga que ver con recordar. Irónico, mi psicóloga me hace repensar y repensar, recordar y recordar, rememorar y finalmente sufrir, sí sufrir.

A la mierda con la catarsis, y toda esa basura. ¿Qué no me dejo ayudar? ¿Qué no tolero las frustraciones? Tal vez sea porque no quiero que me ayuden y que ya me frustré tantas veces, que preferí no tolerar más.

Quizás sea por eso que me pierdo en mis historias,

Quizás sea por eso que prefiero inventarme y vivir en un cosmos inexistente,

Quizás sea por eso que estoy enamorada de usted, desconocido

Porque probablemente si lo conociera, le vomitaría un gramajo de vulgaridades y verdades que no estaría dispuesto a escuchar porque no me conoce y, por lo visto, tampoco le interesa.

Qué lastima porque una enajenada que cree en el amor de los desconocidos y en el odio de los conocidos, podría ser el motivo por el cuál dejara de abrazarse a conocidas que hubiese preferido no conocer, para abrirse a una desconocida que tiene un mundo que quiere hacerle conocer.
"Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último pájaro.
Lego la nada a nadie


Jorge.L.Borges