La persona favorita de mi mundo es
la reencarnación de la pureza
la clave de sol y
el abrazo de estación
La persona favorita de mi mundo me enseña a ser,
me cuenta un cuento todas las noches
acerca de tres reyes magos, mientras mis ojos de lágrimas se llenan
le gusta jugar a la vida y se ríe de tonterías
Me llena por dentro y por fuera
me fabricó unas alas grandes como su corazón
lindas como sus ojos
suaves como su piel
y mágicas como todo su ser
tejidas a mano color café
A la persona favorita de mi mundo, le gusta cocinar
mezclar el sabor delicioso de los besos de mediodía
y los hasta mañana de las buenas noches
La persona favorita de mi mundo es el tobogán esplendoroso del parque
las polainas de invierno
los vestidos de verano y
el mar juguetón de octubre
La persona favorita de mi mundo me hace sentir niña
saca mi más sincera sonrisa
la emoción más emocionante
y
este poema a medio terminar
La persona favorita de mi mundo ya no está en este mundo,
pero sigue siendo parte del mío
Ella es un ángel, (es mi ángel)
La pulpera de mi vida, la razón por la que aún lloro
El día de mi cumpleaños y los cielos que recreo en cada bastidor.
miércoles, 20 de agosto de 2014
viernes, 8 de agosto de 2014
Crónica
Las nubes no tan blancas como la nieve que resbala por mis hombros. Los pétalos que fueron arrancados con dulzura, en busca de una respuesta, en busca del sí. Lo rojo, lo absurdo, lo violento, lo inexistente: la nada. Me desdibujo al ritmo de un blues, de una melodía desolada y demoledora mientras imagino la magia que brota desde las pestañas mojadas de mar. Pinceladas van recubriendo el cuadro que aún no lo es, con el alma puesta en cada figura, en cada color, en el paisaje que va formándose. Un manchón color café irrumpe la armonía de los árboles y el sendero me lleva a no sé dónde. Paso a paso re-descubro un cielo que fui pintando cada vez que me acordaba del amor. La maravilla siendo cotidiana me destroza y parte en mil quinientos pedazos pero decido seguir porque el dolor es tan sólo eso, dolor.
El sueño de siempre sigue siendo un sueño. La orquesta del mundo hoy quiere tocar para mí y la película vuelve a reproducirse. Cubro uno a uno los huecos que se van regenerando con el recuerdo, el desgarrador y fastidioso recuerdo. La capa roja vuelve a respaldarme y salgo al encuentro. No quiero tener más miedo, no quiero quedarme encerrada en el umbral de la pesadilla y la fantasía; las figuras se van transformando a medida que me voy alejando del escondite y la luz amarilla me recibe con dulzura. Los pies sobre las olas que rompen en la orilla de la memoria, la roca desteñida de tanto dolor, la arena que se mezcla con las lagrimitas que reflejan a los ojos que ansían encontrarse con los otros. El sur revestido para mí, la esperanza acabándose mientras la realidad golpea la puerta. La cuestión siendo cuestionada por los dedos que temen acariciar el rostro del olvido y el vestido azul de primavera guardado en el quinto cajón.
No quise interrumpirte, no quise interferir, no quise que te detuvieras, no quise que me prestaras atención, no quise que me preguntaras mi nombre, no quise que te fijaras en mí, no quise que me llamaras. No quise decir que todo lo anterior no es cierto, porque entre poder y querer, sólo queda intentar, re-intentar y volver a intentarlo, una vez más.
miércoles, 30 de julio de 2014
Hartazgo
De-vuelta revuelta entre el dolor y la súplica
al cielo, a un dios, a la pulpera de ojos color mar
a los tiempos por venir
al sol, a la brisa aromática risueña
a la niña que se esconde entre los escombros de un corazón que se parte en dos
a la inocencia que deja de ser inocente frente a aquella escena asesina
los ojos conteniendo las lágrimas que el cielo lloró
las manos frías sobre el rostro que ya no es rostro
es dolor, es asombro, es el de siempre
la niña vuelve a encontrarse con las rodillas entre sus brazos
en aquel cuarto mientras las paredes,
las paredes eternas
le susurran cuentos de hadas
la persuaden con sueños insignificantes
infantiladas que se convierten en deseos juveniles
en anhelos adultos de una niña que nunca creció
El patán vestido de príncipe
que en lugar del corcel viaja en un piano
(el piano mágico)
en lugar de los rizos dorados, la desprolija y sensual melena
en lugar de la damisela,
en lugar de ella,
otra
la niña vuelve a cerrar el cuento,
mientras pide a gritos vivir, -lo
la niña, más mujer que nunca, saldrá del cuarto oscuro del anonimato
y se animará a amar
a ser
y
a crecer
al cielo, a un dios, a la pulpera de ojos color mar
a los tiempos por venir
al sol, a la brisa aromática risueña
a la niña que se esconde entre los escombros de un corazón que se parte en dos
a la inocencia que deja de ser inocente frente a aquella escena asesina
los ojos conteniendo las lágrimas que el cielo lloró
las manos frías sobre el rostro que ya no es rostro
es dolor, es asombro, es el de siempre
la niña vuelve a encontrarse con las rodillas entre sus brazos
en aquel cuarto mientras las paredes,
las paredes eternas
le susurran cuentos de hadas
la persuaden con sueños insignificantes
infantiladas que se convierten en deseos juveniles
en anhelos adultos de una niña que nunca creció
El patán vestido de príncipe
que en lugar del corcel viaja en un piano
(el piano mágico)
en lugar de los rizos dorados, la desprolija y sensual melena
en lugar de la damisela,
en lugar de ella,
otra
la niña vuelve a cerrar el cuento,
mientras pide a gritos vivir, -lo
la niña, más mujer que nunca, saldrá del cuarto oscuro del anonimato
y se animará a amar
a ser
y
a crecer
jueves, 24 de julio de 2014
(re) encuentro
Me encontré buscando las fotos escondidas debajo de la almohada
me encontré mirando el anaranjado sol, una mañana de julio
me encontré desarmando con mi lengua la palabra
amor
me encontré escuchando canciones que me susurraban
mensajes subliminales
me encontré en las cartas del tarot que nunca me animé a descifrar
me encontré mientras te buscaba
y no te encontraba
me encontré en el cielo violeta de mis cuadros
me encontré llorando
me encontré niña
y
me encontré mujer
Me encontré en el té de medianoche
en el café de las mañanas
en el bizcochuelo de limón
y en los ojos azules de la hermosa pulpera
Pero cuando me busqué en las refracciones del espejo ominoso
no estaba allí,
no me encontré, ya no
te encontré.
me encontré mirando el anaranjado sol, una mañana de julio
me encontré desarmando con mi lengua la palabra
amor
me encontré escuchando canciones que me susurraban
mensajes subliminales
me encontré en las cartas del tarot que nunca me animé a descifrar
me encontré mientras te buscaba
y no te encontraba
me encontré en el cielo violeta de mis cuadros
me encontré llorando
me encontré niña
y
me encontré mujer
Me encontré en el té de medianoche
en el café de las mañanas
en el bizcochuelo de limón
y en los ojos azules de la hermosa pulpera
Pero cuando me busqué en las refracciones del espejo ominoso
no estaba allí,
no me encontré, ya no
te encontré.
martes, 15 de julio de 2014
(niñerías)
Los dedos retorcidos, murmurantes, silenciosos, dolorosamente armoniosos
el cielo deseando no ser cielo,
el mar deseando no ser mar
la vida deseando no ser terminante, determinante
el amor deseando amor, sólo amor.
Miro el reflejo que dejás clavado en el espejo,
mientras te mirás preguntándote
cuántas marcas más te dejará la guerra imaginaria,
que destruye y arrasa con la poca felicidad
que conseguís cada vez que un globo color morado te regalan.
La indescifrable mirada me persigue y se entromete entre la almohada y los sueños,
que de sueños poco tienen
y se me dibuja una sonrisa si te escucho reír
los ojos verdes podrán ser,
las uñas negras querrán rasguñar, penetrar, romper, diagramar
el pelo jugará de manera violenta y subversiva con la brisa inocente
la noche se vestirá de blanco
y nos invitará a jugar entre los astros dorados,
mientras el globo, el globo morado, se perderá entre las nubes caprichosas
y yo me quedaré frente a la melodía,
a la melódica carita de ángel
a las notas musicales envolviéndose entre las teclas del piano de mamá
jueves, 10 de julio de 2014
De un rinconcito que no sabía que existía
La estrella estrellada azulada anhelada clavada, podrida de amor
la tela que cubre aquel rostro que no quiere dejarse ver
el ojo sobresaliendo del sol que de dorado, no tiene nada
el sueño asomando casi por casualidad, se filtra en una realidad que jamás existió
el mar testarudo revoltoso, impregna en los pies, en los tallados pies
Recopilando momentos que da nada sirven, me quedé con la angustia incesante, tediosa, adictiva. La transición me envuelve, con la energía incandescente, el cosmos mágico, lo infinito plasmado sobre el tablero. Descubrí que el miedo, el miedo más grande no se le tiene a la muerte, sino a los finales.
Los finales trágicos, dolorosos, rencorosos
finales que no son principios, finales que son sólo finales
finales que estresan, que desarman, que destruyen,
que manejan la posibilidad de no volver a verte nunca más
Amante del azar, pretendo jugar con las cartas que me quedan. Construir castillos, si es posible, no sé. Jugando con la suerte que pocas veces me tocó, me sonrío pensando que es el momento, mi momento
(momento que es sólo mío)
momento que se filtra y se extiende en un tiempo que me creo mientras bailo un rock en tus ojos
momento que se dibuja en un espacio irreal,
en la maravilla de tu risa,
en las pestañas de las mujercitas,
momento que es eso, un momento, el instante irrepetible
la muerte siendo una niña jugando a las cacerías
domingo, 6 de julio de 2014
Jugueteando con el Country
Él imagina que por fin, ha llegado el día. Él piensa que finalmente, la espera acabó, que la dama regresó en el cuerpo de otra más. Con otra cara, con otras manos, hasta con otro nombre pero ella allí está, saludándolo con la dulce mirada que se le escapa de los ojitos pequeñitos, intentando disimular.
Él no quiere equivocarse ya esta vez, por eso no se anima a abandonar aquella espera que ha estado a su lado por un tiempo infinito. Ella atravesada por las penumbras dolorosas, de viejos fantasmas, busca ansiosa la señal. El corazón enojado y receloso ya no sabe que hacer para que lo escuchen, pero las noches tormentosas, los días sin soles y los recuerdos no recordados, gritan desgarrados.
Buscando la sonrisa, la embriagadora sonrisa, él la ve. Ella, desenamorada del amor, no quiere creer y prefiere caer, descreer. Encuentra la música enriquecedora, los dedos susurrantes, los labios sellados de dolor, los ojos aullantes, los pies sobre el cielo y la mano a medio salir.
Él, pavoroso-rencoroso-histeriquito, propone un macabro juego casi sin saberlo. Se refugia entre las minúsculas cuerdas que esbozan la melodía acaramelada que se funde con los deseos, los sueños y lo no hecho aún. Se preguntan si esta vez, el azar amoroso les brindará una oportunidad.
Se temen, se miran, se sueñan, se inventan, se olvidan y se recuerdan. En cada nota, en cada verso girondero, ella se reencuentra y de vez en cuándo, piensa en la existencia inexistente del mentiroso sentimiento que le arrebata la razón de una tajada. Piensa que pintarse los labios es una profanación, piensa que nada espera por ella, piensa en él como piensa en el país de nunca jamás.
Deseando a aquella anónima que ya no lo es, piensa en la desafortunada no correspondencia y prefiere callar, sin imaginar que ella espera por él como se esperan los buenos tiempos, las hojas otoñales, los colores fulgurantes, los arcoíris, los cappuccinos de la abuela, los abrazos de mamá, la magia blanca, los mil quinientos globos, el adorado circo, los libros del mundo y el beso que jamás se dio.
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