jueves, 23 de julio de 2015

rompecabezas

me abandoné
sentada en el lago

abrimos las puertas
dejando escapar los fantasmas
que bailan y
se mueven
en un eterno retorno
al ritmo del viento que nos
empuja hacia un norte que no es nuestro

ajena y exiliada
no me pertenece el cuerpo
ojos muertos
                       y  manos desalmadas

recreo un mundo en dónde encajo
y me siento en el lago
a recordarte y a
imaginarte imaginándome
recostado en tu cama
pensando en lo azul
                 pieza 717

hay una canción para mí
sentada en el lago,
es que puedo escucharla
y verte venir

viernes, 12 de junio de 2015

Ausencia de los viernes

        Miramos las vías con la intención de encontrar nuestros pasos cruzándose; y en un abrir y cerrar de labios, la miel se derritió viajando a través de nuestros dedos nocturnos. La vieja estación nos acogía mientras esperábamos la llegada del tren. Todavía recuerdo su camisa azul empapada, la valija empolvada y la flor que sostenía su mano derecha. Llevaba sus zapatillas favoritas y una media de cada color. A pesar de tener puesto mi vestido rojo de viernes, se me ocurrió invitarlo a jugar a la escondida, como para pasar el tiempo hasta que llegara el tren. Salté sobre su espalda y de caballito, se lo susurré al oído. Rápidamente me desligué de sus brazos, me tapé los ojos y comencé a contar. Uno, dos, tres...así hasta veinte. Mis manos se abrieron, dejándome mirar la estación casi con vergüenza -él ya no estaba allí-. Busqué por cada uno de los rincones y en el quinto banco de plaza encontré su valija marrón. Grité su nombre, cinco veces.
        El frío acaparaba cada parte de mi cuerpo. Tuve miedo. Tuve miedo de que me dejara ahí; que me dejara corriendo entre las columnas de mármol, con la sombra abrazándome. Entonces, empecé a cantar. Canté tan pero tan alto que me olvidé de su ausencia.
        Pegando un salto y al ritmo de esa voz que a veces creo mía, bailé. Giro sobre giro, salto y al piso. El raspón en la rodilla me recordó porqué odio el vestido rojo de los viernes. La carcajada que provenía del otro lado de las vías, me hizo girar y vi a esos ojos que me miraban iluminando la oscura estación. Las manos me llamaron, agitándose como un niño que saluda a su mamá el primer día de jardín. Me acerqué a las vías y le pregunté si me había visto bailar. Creí escucharlo decir: "sí, ¿lo harías de nuevo para mí?". Dí un paso hacia el costado, intentando ver el rostro de la voz.
          - No. Ya me caí y me raspé, no puedo seguir bailando.
          - Estás chinchuda hoy, eh. Si te he visto caerte y pararte unas miles de veces. Dale, ¿por qué hoy no tenés ganas de bailar para mí?
          - ¿Hoy? Yo nunca bailé para vos.Yo no bailo para nadie, bailo para mí.
          - Entonces, ¿cada vez que bailamos juntos, bailás sólo y nada más que para vos?
          - Yo nunca bailé con vos, ni siquiera sé quién sos. Cruzá, vení acá y dejame verte...
          - Vos y yo bailamos todos los viernes, Lía. Hoy es miércoles, hoy te toca bailar para mí.
          - No, estás equivocado. Hoy es viernes porque traigo puesto mi vestido rojo de los viernes, si fuera miércoles hubiese traído mi camisa azul a lunares blancos.
         - Hoy es miércoles, Lía. Es la tercera semana que te confundís los días y hace dos que ya no querés bailar para mí.
       Como una lluvia repentina, comenzó a surgir dentro de mi pecho una angustia incesante. Las manos comenzaron a temblar y el aire no llegaba a mis pulmones. Desesperada me arranqué el vestido y lloré sobre la columna de mármol que estaba detrás de mí. La voz del otro lado de las vías me balbuceaba cosas que no alcancé a escuchar - o quizás no quería escucharlas- y de un patadón tiré una extraña valija marrón que se hallaba sobre uno de los bancos de plaza. ¡Hoy es viernes! ¡Hoy tenías que venir a bailar conmigo, me prometiste que todos los días serían viernes! ¡Si no vas a venir acá,  junto a mí, andate!
      La voz calló y justo en ese momento, el tren pasó.
      Tuve miedo. Inevitablemente lo estaba olvidando, lo había olvidado.

sábado, 23 de mayo de 2015

Atada

Y estás atada
envuelta entre los tristes lazos rojos,
                                                           rotos
perpetua acabada atrincherada
con los ojos muertos, las manos negras 
y el alma colgando de los labios nacarados

Y estás atada
intentando cantar la canción muda
cortando las flores niñas
clavando espinas en tu pecho  
sacándolas luego

Y estás atada 
esclava del impulso que golpea 
tus piernas delgadas, quebradas, ahogadas
escribiendo sobre el papel de arroz 
su nombre

Estás dormida
soñando el insomnio de la noche oscura.
Estás besada 
                 por la boca que aún no te ha llamado
estás cansada abatida dolida,   VIVA
Sí, estás atada



viernes, 17 de abril de 2015

Hermanada

I
no dejes que la palabra te calle
no te dejes morir, heladas muñecas
ser canción en el aire mientras tu mundo 
y
mi mundo ríen sin parar

II
acercando tu pena y 
mi pena
brota eterna magia eterna
cómplices 
callando las palabras,
hablamos en silencio

III
la arena está empapada
festejo doloroso y 
tu mano siempre tendida
hacia mí

IV
que yo ya no soy sólo mía
tengo tu abrazo amarrado a mi espalda
hermana, que vos no sos sólo tuya
almas cantan la tarde feliz
cuando estás por venir


viernes, 3 de abril de 2015

1:17 A.M


Qué destruimos al besar la piel agrietada
qué rompemos cuando jugamos
a encontrarnos entre la multitud desolada
qué desarmamos cada vez que tocamos el agua dulce
con los pies desnudos

Cuál de todos nuestros mundos explota
cuando amamos con la mirada muda
Acaso nos morimos cada vez que
                                 vemos una flor marchitarse?
cuántos días revivimos hastiados de noche blanca,
                                                      (de luna llena)

qué marcas nos quedan después de gritar el silencio
cuántos pedazos de alma juntamos en cada adiós
qué lloramos cuando nos quema
con qué canción te dormís anhelando despertar

qué dolor tiene mi nombre, hoy
de qué color es el cielo
          cuando pedimos un deseo con los ojos cerrados?




jueves, 19 de marzo de 2015

Borrador (1)

Me mordí ayer y esa vez que el dolor casi asoma por el negro de mis ojos muertos. Lloran mis dedos tristes y doy la vuelta, mirando hacia atrás buscando un no-sé-qué. Las marcas están ahí, debajo de mi camisa, ocultas por el maquillaje, entre la carne y el pintalabios rosado, en mi espalda cansada y dura, rota.  
Se muestra entera, disfrazando con artificiosos gestos la profundidad de las heridas. Pinta de azul el rojo homicida pero la oscuridad la habita en una noche eterna. Y mira atrás, buscando un no-sabe-qué y da la vuelta, anhelando ese abrazo que no llegó. Se pregunta hasta cuándo, cuánto más; pero aguanta. Aguanta con el corazón hecho pedazos, aguanta con ese cuerpo dolido y la mirada muda. Se soporta así y no tan así. 

*Anotaciones del día veintipico, del mes tres* 

Vivo en guerra y doy batalla, y pongo el cuerpo, porque a fin de cuentas, es lo único que tengo. Necesito descansar. La exposición simulada es agobiante y mis piernas quieren dormir.
Pensé en vos, otra vez, y te hice canción. 
La idea de preguntarme el porqué me hace sentir inútil y poco original. Ante el silencio del cielo, la ausente sonrisa y el ruido de la calle, me miro en el espejo: 'claro, este cuerpo se la aguanta, siempre se la aguantó'. Y me levanto la camisa y me veo las marcas, y me saco el pantalón, y no quiero ver ya, pero las siento, ahí también hay marcas.
En mi mundo ideal, me acuerdo de tu nombre y espero el día de tu cumpleaños como espero la lluvia cada veintipico de octubre. Me olvido de los sueños que mantienen intacta mi estúpida inocencia manchada de rojo para acostarnos sobre la alfombra del cuarto azul. Camino por las calles desoladas y no me siento sola. Habito la plaza y duermo sobre ese árbol animal; y me veo y me desarmo y me vuelvo a rearmar. En mi mundo ideal, también estoy rota.


+ Nota de color: Me hablo bajito porque, a veces, no me aguanto la voz. 

viernes, 6 de marzo de 2015

susurro

MARZO 6, 201...
                                                       ...cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor
                                                         (ALTAVOCES 100%)
                                                                                      

- ¿seguimos gastando tinta por ese corazón remendado, oscuro, necio, caprichoso, culpable, culposo y humanamente ciego; incapaz de ver el amor que desborda de nuestros ojos mudos?

-                         No. (Silencio). Ya no. Emparchada por dónde mires. Duele, mucho.

Un poco más, sólo un poco más.
¿Lo aceptará?
- Acepto.